¿Deben los padres decirles a los niños con altas capacidades que son "muy inteligentes"? Una psicóloga especialista responde

La revelación a los hijos de sus altas capacidades es un tema crucial para los padres, quienes a menudo se cuestionan la mejor forma de abordarlo. Esta inquietud central radica en si el énfasis en la inteligencia es un enfoque constructivo o si, por el contrario, podría restringir el pleno desarrollo y autoconocimiento de los niños. Es fundamental comprender que las altas capacidades abarcan mucho más que solo la inteligencia, incluyendo aspectos como la sensibilidad emocional, la creatividad y distintas necesidades educativas. Por ello, la comunicación debe ir más allá de la mera etiqueta de "inteligente", buscando un entendimiento profundo del funcionamiento de su cerebro y de sus vivencias.

El objetivo principal es empoderar a estos niños en su autoconocimiento, facilitando que comprendan sus particularidades y cómo estas influyen en su interacción con el mundo. Una explicación integral les permitirá asimilar por qué experimentan el aburrimiento escolar o la frustración de manera diferente, fomentando una autoestima basada en una percepción realista de sí mismos. Este acompañamiento les ayuda a reconocer tanto sus fortalezas como sus áreas de mejora, cultivando una identidad sólida y una adaptación saludable a su entorno. En última instancia, lo que realmente importa no es sentirse excepcionales, sino conocerse y aceptarse plenamente.

El autoconocimiento más allá de la inteligencia

La interrogante principal que enfrentan los padres de niños con capacidades superiores es si deben informar a sus hijos sobre esta característica y, en particular, si la designación de "muy inteligente" resulta adecuada. Esta inquietud es común y se centra en la forma más efectiva de comunicar estas habilidades especiales. Se busca discernir si una afirmación directa sobre la inteligencia constituye una validación constructiva o si, en cambio, puede imponer una etiqueta restrictiva. La psicóloga especializada en altas capacidades, Ana Gloria Sánchez, sugiere que emplear el término "inteligencia" como enfoque primordial no es la estrategia más eficaz.

Su perspectiva recalca que, en lugar de centrarse únicamente en la inteligencia, es más beneficioso ayudar a los niños a entender que sus cerebros procesan la información de manera diferente y a un ritmo acelerado, lo que puede explicar su rápida captación de conceptos con menos repeticiones. Este enfoque no solo es más preciso, sino que también fomenta una comprensión integral de sí mismos, lo que es esencial para su desarrollo emocional y social. Es vital que los niños comprendan que tener altas capacidades va más allá de un coeficiente intelectual elevado, abarcando también una mayor sensibilidad, creatividad, intensidad emocional y necesidades educativas distintas.

La importancia de una comunicación holística

La psicóloga Ana Gloria Sánchez aconseja evitar la simplificación de las altas capacidades a la mera inteligencia, ya que esta reducción puede convertirse en una etiqueta limitante. Cuando se les dice a los niños que son "muy inteligentes", no se les proporciona un marco de referencia completo para entender por qué pueden aburrirse en clase, sentir frustración con mayor facilidad o percibir que no encajan. Esta forma de comunicación puede generar una presión indebida y una expectativa de perfección que no corresponde con la complejidad de sus procesos cognitivos y emocionales.

En contraste, un diálogo que explique cómo sus cerebros funcionan de manera singular —procesando información a mayor velocidad o requiriendo menos repeticiones para aprender— les ofrece una comprensión más profunda de sus propias experiencias. Este enfoque les permite atribuir sus vivencias a una diferencia en el procesamiento cerebral, en lugar de a un simple atributo de inteligencia. Acompañar a los niños en este viaje de autoconocimiento, abordando sus puntos fuertes y sus vulnerabilidades de manera realista, les permite desarrollar una identidad equilibrada y una autoaceptación genuina. El objetivo primordial es que los niños se conozcan verdaderamente, sin limitarse a una única característica como la inteligencia, y que entiendan la singularidad de su funcionamiento para una vida plena y adaptada.