
En la capital de Nepal, Katmandú, se está llevando a cabo una transformación significativa hacia la movilidad eléctrica. Tradicionalmente conocida por ser una de las ciudades más contaminadas del mundo, ahora lidera un cambio impresionante con una creciente adopción de vehículos eléctricos (VE). Mientras que en Estados Unidos solo el 9% de los vehículos nuevos vendidos son eléctricos, en Nepal esta cifra alcanza el 65%. Este fenómeno ha sido impulsado principalmente por políticas gubernamentales que eliminaron impuestos y aranceles sobre los VE en julio de 2021. A pesar de algunos ajustes fiscales recientes, los beneficios económicos y ambientales de los VE siguen siendo evidentes, especialmente considerando que la electricidad en Nepal proviene mayoritariamente de fuentes hidroeléctricas.
El Impacto de los Vehículos Eléctricos en una Ciudad Envolta por Montañas
En el corazón de Nepal, en el valle rodeado de montañas donde se encuentra Katmandú, la transición hacia los vehículos eléctricos está marcando un antes y un después. Hace apenas cinco años, estos vehículos eran prácticamente inexistentes, pero hoy en día representan más del 80% de los minibuses de tres ruedas y cerca del 65% de todas las ventas de autos nuevos. Este cambio radical fue posible gracias a decisiones políticas audaces: en 2021, el gobierno decidió eliminar casi por completo los aranceles e impuestos asociados con la importación de vehículos eléctricos.
Esta medida no solo redujo drásticamente el costo de compra, sino que también hizo que los VE fueran mucho más económicos que sus contrapartes de combustibles fósiles. En un país donde el petróleo es importado y caro, cargar un vehículo eléctrico puede costar hasta diez veces menos que repostar uno convencional. Marcas como BYD y Tata ofrecen opciones accesibles, aunque Tesla también ha comenzado a incursionar en el mercado nepalí, aunque con precios más altos.
Además, el transporte público eléctrico está ganando terreno rápidamente. Los "tempos", pequeños vehículos de tres ruedas que circularon por primera vez en los años 90 gracias a proyectos financiados por USAID, están regresando con tecnología moderna. Empresas locales trabajan para mejorar la infraestructura de carga, incluyendo estaciones de intercambio de baterías. Incluso autobuses eléctricos han comenzado a desplazarse por las calles, con cooperativas como Sajha Yatayat añadiendo cientos de unidades nuevas.
Desde una perspectiva ambiental, este cambio es crucial. La energía hidroeléctrica proporciona la mayor parte de la electricidad en Nepal, lo que significa que los vehículos eléctricos tienen una huella de carbono mínima. Esto es particularmente importante en una ciudad donde la contaminación atmosférica es un problema crónico debido a su ubicación geográfica y al aumento de los incendios forestales relacionados con el cambio climático.
Como periodista, observo esta revolución con optimismo. La experiencia de Nepal muestra que con políticas adecuadas, incluso países con recursos limitados pueden adoptar tecnologías limpias y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. No solo se trata de combatir el cambio climático, sino también de abordar problemas inmediatos como la contaminación urbana. Este caso demuestra que cuando las decisiones públicas se alinean con las necesidades reales de la población, el progreso es posible y sostenible.
