
En los últimos doce años, el Real Madrid ha consolidado su posición como una de las fuerzas indomables en la Copa del Rey. A pesar de enfrentar desafíos iniciales y un comienzo lento, el equipo logró remontar con estrategia y determinación, destacándose por su fortaleza defensiva y capacidad para adaptarse. El partido contra el Gran Canaria fue un testimonio de esta resiliencia, donde el Madrid superó un déficit inicial para dominar en la segunda mitad. Además, el equipo demostró eficacia en la gestión de recursos, permitiendo a sus jugadores clave descansar y prepararse para la final.
La Remontada Impresionante del Real Madrid
El Real Madrid comenzó el encuentro con dificultades, pero rápidamente se recompuso para convertirse en el equipo dominante. En los primeros minutos, el conjunto merengue tuvo problemas de manejo del balón y decisiones erráticas, lo que llevó a un marcador bajo. Sin embargo, la experiencia y el carácter del equipo prevalecieron. Con un ajuste táctico y mayor intensidad defensiva, el Madrid logró revertir la situación y terminó la primera parte con un marcador favorable. La rotación efectiva de jugadores y la dirección de Chus Mateo fueron claves para este cambio de rumbo.
En los primeros siete minutos, el partido avanzaba a un ritmo lento, con apenas dos puntos anotados por el Madrid. Sin embargo, la actitud cambió drásticamente. Campazzo y Tavares lideraron la recuperación, junto con Hezonja, quien emergió como figura crucial desde el banquillo. La defensa se endureció, y el equipo comenzó a fluir mejor ofensivamente. Un parcial de 4-18 en la segunda mitad no solo igualó el marcador sino que también sentó las bases para un dominio claro. Los triples de Campazzo y Hezonja, junto con las entradas agresivas de Musa, pusieron al Madrid en una posición cómoda para cerrar el partido con autoridad.
El Desplome del Gran Canaria y la Supremacía Merengue
El Gran Canaria, que había mostrado energía inicial, sufrió un declive significativo en la segunda mitad. Pese a intentos de reacción, especialmente liderados por Homesley, el equipo no pudo mantener el impulso necesario para competir con el Madrid. La defensa del Madrid se volvió impenetrable, y el Granca perdió balones constantemente, lo que frustró cualquier intento de remontada. Esta falta de continuidad y la incapacidad para generar ventajas claras llevaron al equipo local a un estancamiento.
A medida que avanzaba el partido, el Gran Canaria se vio cada vez más desorientado. Mientras que en cuartos de final habían mostrado solidez contra el Valencia, en esta ocasión no pudieron replicar ese rendimiento. Su ataque se apagó y la defensa del Madrid, liderada por Tavares y Campazzo, se convirtió en un muro infranqueable. Las estadísticas muestran que el Granca nunca superó los 16 puntos en ningún cuarto, mientras que el Madrid incrementó su producción consistentemente: 10, 20, 25 y 25 puntos en cada período respectivamente. Este contraste ilustra perfectamente cómo el Madrid, con su experiencia y profundidad de plantilla, pudo capitalizar sus fortalezas para asegurar su paso a la final.
