
En un mundo cada vez más digitalizado, el uso cotidiano del teléfono móvil frente a los hijos pequeños ha cobrado relevancia debido a sus posibles repercusiones emocionales y cognitivas. Un estudio reciente publicado en JAMA Pediatrics revela que aproximadamente siete de cada diez padres utilizan dispositivos móviles mientras están con sus niños, lo que puede generar problemas en su desarrollo afectivo y psicológico. Este fenómeno, denominado "technoference", se refiere específicamente a cómo la tecnología interfiere en las interacciones personales entre adultos y menores.
Un equipo liderado por el investigador chileno Marcelo Toledo-Vargas exploró este tema analizando datos globales. Más de 14.900 niños de diez países fueron estudiados, junto con una revisión exhaustiva de más de 6.000 estudios relacionados. Los resultados indicaron que incluso distracciones breves pero recurrentes pueden tener un impacto acumulativo significativo en los pequeños. Específicamente, cuando los adultos priorizan sus dispositivos durante momentos clave como las comidas o el juego, los niños tienden a desarrollar ansiedad, dificultades en la formación de vínculos emocionales y retrasos en su crecimiento cognitivo.
Los expertos destacan que el problema no radica únicamente en el tiempo dedicado al celular, sino en cuándo y cómo se emplea. Las prácticas habituales de los padres, como revisar correos electrónicos o navegar en redes sociales, aunque sean necesarias para gestionar aspectos diarios, pueden enviar señales negativas a los niños sobre la importancia de la atención mutua. Por ello, es crucial fomentar hábitos saludables que equilibren la vida familiar y el uso responsable de la tecnología.
Desde una perspectiva práctica, se sugiere establecer periodos libres de pantallas, especialmente en actividades fundamentales como las comidas familiares o momentos de juego. Asimismo, los adultos deben actuar como modelos positivos, siendo conscientes de cómo sus acciones influyen en los aprendizajes digitales de los niños. La intención detrás del uso del teléfono también juega un papel clave; utilizarlo con propósito en lugar de ceder a impulsos espontáneos podría mitigar algunos efectos adversos.
La reflexión final invita a repensar cómo integrar la tecnología en la dinámica familiar sin comprometer la calidad de las relaciones. Aunque eliminar completamente el uso de dispositivos no es viable ni deseable, encontrar un punto medio permite fortalecer los lazos afectivos y apoyar el desarrollo integral de los más pequeños. Implementar estrategias simples pero efectivas puede marcar una diferencia significativa en el bienestar emocional tanto de los niños como de los padres.
