




En la temporada estival, la exposición del cabello a elementos como el sol, el cloro y la sal marina puede resultar en daños significativos. Por ello, la doctora Carolina López, reconocida especialista en tricología, enfatiza la relevancia de adoptar una rutina de cuidado capilar adaptada al verano. Destaca que, si bien la protección solar es común para la piel, a menudo se olvida la necesidad de resguardar el cabello y el cuero cabelludo. La radiación ultravioleta puede deteriorar la cutícula capilar, la capa externa que protege el cabello, haciéndolo más frágil, seco y opaco. Además, en cabellos teñidos, los rayos UV pueden oxidar los pigmentos, alterando el color y volviendo la fibra capilar porosa y quebradiza. El cuero cabelludo, al ser piel, también es susceptible a quemaduras y daños solares, lo que puede derivar en condiciones dermatológicas si no se protege adecuadamente.
Para contrarrestar estos efectos adversos, la doctora López recomienda una serie de medidas preventivas y reparadoras. Es fundamental proteger el cabello y el cuero cabelludo usando sombreros de ala ancha, gorras o pañuelos de tela densa. Asimismo, aconseja la aplicación generosa de protectores solares específicos para el cabello, reaplicándolos cada dos horas o después de cada inmersión en agua. Tras cada baño en la piscina o el mar, es crucial enjuagar el cabello con agua dulce para eliminar residuos de cloro, sulfato de cobre y sal, que pueden alterar el color (especialmente en cabellos rubios o decolorados, que tienden a verdear) y resecar la fibra capilar. Aunque el agua de mar aporta oligoelementos beneficiosos, la sal puede actuar como lupa bajo el sol, magnificando los daños. Por lo tanto, un enjuague exhaustivo es indispensable para neutralizar estos efectos y mantener la salud capilar.
Una vez finalizada la exposición al sol y al agua, el cuidado post-playa o piscina es igualmente vital. La experta sugiere lavar el cabello con frecuencia, incluso a diario, utilizando un champú hidratante y suave, enriquecido con vitaminas A, E, C y aceites naturales como el de coco, argán o jojoba. Es preferible lavar el cabello con agua tibia para una eliminación eficaz de residuos y secar la raíz y el cuero cabelludo para evitar la humedad prolongada, que puede causar dermatitis seborreica. Evitar acostarse con el cabello mojado y cepillarlo en seco antes de mojarlo son prácticas que previenen el daño. Para desenredar, se recomienda usar un peine de madera de púas anchas o un cepillo de cerdas naturales, aplicando acondicionadores, mascarillas o aceites nutritivos. Mantener una hidratación constante durante todo el año con sérums, aceites nutritivos y mascarillas semanales es clave para fortalecer el cabello y prepararlo ante las agresiones estivales, asegurando así una melena saludable, brillante y resistente.
Adoptar hábitos de cuidado capilar preventivos y constantes durante todo el año es la clave para mantener un cabello radiante y fuerte, especialmente en temporadas de mayor exposición a factores ambientales adversos. Al igual que cuidamos nuestra piel, debemos ser diligentes con nuestro cabello y cuero cabelludo, comprendiendo que la belleza y la salud son reflejo de la atención y el respeto que les brindamos. De esta manera, podemos disfrutar de la temporada veraniega sin comprometer la vitalidad y el esplendor de nuestra melena, promoviendo una visión de bienestar integral y empoderamiento personal a través del autocuidado consciente.
